Los pibes de Malvinas que jamás olvidaré
Si transformaríamos una guerra en un partido de fútbol, tal vez tendríamos más chances de recuperar lo que es nuestro. No será así. Si el fútbol definiría justicias sociales seguramente la vida tendría más calidad para todos y no para unos pocos.
Pero caeremos en el fútbol como alimento de las almas, como pañuelo para los ojos llenos de lágrimas y sangre derramada en el sufrimiento de Malvinas.
Nos apegaremos en los goles de Diego en un Mundial cada vez más lejano. Antes y después murieron varios de nuestros héroes. Los que dejaron la piel en combate y los que fueron presa del olvido con el paso del tiempo, condenados a un sufrimiento que solamente se remonta cada 2 de Abril.
Estaba en tercer grado cuando nos hicieron formar en el patio de la escuela y por primera vez cantamos la Marcha de Malvinas. Seguíamos atento las noticias de la radio o la tele. Hubo colectas y un pueblo volcado a la solidaridad por sus pibes. Aunque la ayuda parece que se desvió de camino o llegó en cuentagotas.
En España 82 jugamos igual un Mundial y lo perdimos. Fuimos tristes, marcados por una guerra innecesaria que se llevó a nuestros jóvenes soldados. Yo no me engaño. Me gustó ver como le ganábamos a los ingleses en el 86. Por Diego y nuestra Selección. Pero nada devuelve ese pasado negro. Acaso sirva para ejemplificar que en este país tenemos talentos individuales y riqueza colectiva que el fútbol nos muestra siempre (hoy Scaloneta). Algún día, ojalá, quienes gobiernan se contagien de lo que el fútbol genera y muestra. Sería el mejor homenaje para los pibes de Malvinas que jamás olvidaré.
Fuente: Ezequiel Re




